Clown y adolescentes con trastornos alimentarios.

De nuevo retomo el taller de clown que imparto cada miércoles en la unidad de trastornos alimentarios y psicoterapia Khepra. Como punto de partida, observo como a medida que vamos llegando a la adolescencia vamos siendo privados de nuestra espontaneidad emocional, instintiva y corporal como consecuencia de la manera que hemos sido educados y de nuestra adaptación al mundo. Tanto la necesidad de amar y ser amados como la de aceptación,  nos fuerzan a estar atento a las necesidades externas, y, como consecuencia, a perder el contacto con nuestra esencia. El adolescente aprende a “encerrar” lo que verdaderamente es para convertirse en lo que los demás quieren que sea y de esta forma ser amado y aceptado.

Por medio del aprendizaje del clown descubrimos como cada persona, como cada clown, es único, especial e irrepetible. Cada miércoles creamos un espacio para estar con uno mismo, vivir el aquí y ahora, estar en el presente para sumergirnos en la vivencia de descubrir quienes somos. A través del juego y el buen humor aprendemos a leer y a descifrar nuestras emociones y gestionarlas para vivir más felices, relacionarnos mejor, respetar nuestros sentimientos y los sentimientos de los que nos rodean. Nuestros objetivos comunes tratan de:

DESCUBRIR nuestros dones, abrirnos horizontes, vencer los miedos, llenarnos de luz, de fuerza, de ilusión, de sentido del humor, de gozo y aprender a vivir una vida positiva, intensa, sincera y total. Nuestro particular espíritu creativo.

CONOCER nuestro mundo emocional. El valor de la intuición, la espontaneidad, la risa franca, la carcajada que nos aporta aceptación, comprensión, alegría, relajación, eliminando nuestros bloqueos emocionales, físicos y mentales.

RECONOCER nuestras emociones y las ajenas, desarrollando actitudes empáticas que conforman la sincronía emocional.

Un nuevo reto para mi y mis nuevas compañeras de taller…

Clownclusión – Payasos de Hospital

Después de dos meses colaborando en el programa de voluntarios “Payasos en Anantampur” de la Fundación Vicente Ferrer en India, recién llegada al nido, Barcelona, repaso las fotografías del día que nos acompañó Rocío (Bindu) Ovalle cámara en mano, al Hospital de Bathalapalli. Me vienen a la cabeza estas Clownclusiones:

Música y pompas en el Hospital

Un payaso de hospital debería ante todo y sobre todo, generar amor y compasión por los demás. Sin esperar nada a cambio, el payaso se compromete a servir motivado por un sentimiento de gratitud y el deseo de ayudar al prójimo a salir de su desdicha.

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El payaso de hospital sabe que el amor no es una mercancía que pueda ser vendida a cambio de una recompensa económica y así actúa.
La ayuda emocional que brinda el payaso de hospital no debe estar limitada a si se puede o no pagar; es para todos lo que sufren. El objetivo es ayudarles a salir de su estado de desdicha, no para una ganancia personal. Nuestra ganancia está involucrada automáticamente en el ofrecer nuestro amor; estamos del lado ‘del dar’, nunca del ‘de recibir’.

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El payaso social da amor sin expectativas y con el deseo que más y más personas se beneficien.

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La pureza del camino del payaso de hospital es mantenerlo universal; todo ser humano debe tener derecho a recibir amor y todo payaso a darlo.

Sumanahalli – La Sinergia del abrazo.

Apenas se habían cumplido unos días de mi llegada a la Fundación el pasado mes de noviembre, cuando conocí a Joan Miquel. Osteópata y terapeuta, llegó a Anantapur para entrevistarse con Ana Ferrer. Nos presentamos yo como payasa y Juan como voluntario en Sumanahalli una leprosería en Bangalore.

Un mes más tarde, tras conseguir el sábado 24 libre (en la fundación trabajamos de lunes a sábado) y coincidir el día 25 en domingo, aproveché para visitar a mi amigo y celebrar Noche Buena y Navidad actuando en la leprosería.

Sumanahalli toma el nombre del pequeño bosque de palmeras situado a las afueras de la ciudad de Bangalore. Este palmeral fue cedido por el ayuntamiento hace 35 años para aislar y alimentar a las personas, leprosos e indigentes, de la ciudad. Allí podían vivir sin molestar ni ser molestados. Trascurridos más de tres décadas, Sumanahalli se ha convertido en asilo y dispensario para pacientes con lepra, afectados de VIH, discapacitados, chicos de la calle, huérfanos y delincuentes juveniles.

Joan, como buen anfitrión, me guió durante la visita al asilo (Ave María), el dispensario, las casas construidas para los pacientes que vivían independientes a Ave María, el colegio (T. Jospeh School Sumanahalli) y un taller de confección de camisas. Detrás de cada hombre, mujer, adolescente, niño o niña que me crucé por el camino, se cernía un drama, pero en todos y en cada uno de ellos, la alegría de la llegada de la Navidad, estaba presente; quizás fuera gracias al árbol gigante adornado con guirnaldas que reunía a todos los habitantes del asilo en aquella soleada tarde, o el pesebre con figuras realizadas artesanalmente del asilo de los chicos de la calle o la maravillosa estrella navideña que lucía en la entrada de la residencia de los enfermos de lepra o el pesebre con nieve de algodón rodeado de palmeras…

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Mi amigo Joan Miquel

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En el palmeral

Sólo en ese maravilloso lugar, Joan podía haber explicado un nuevo concepto para mi: la sinergia del abrazo. Todo miedo a las enfermedades tabú (como el VIH o la lepra) desaparece cuando prevalece el amor sobre todas las cosas. Cuando hay amor las miradas de cruzan, las sonrisas aparecen, surge la necesidad de acariciar y abrazar. Es así como el osteópata y terapeuta de Sumanahalli trataba a sus pacientes: mucho amor y “tacto físico”… Brother Jon (como le llamaban en el palmeral) llevaba siempre abrazado a su cuerpo a uno o dos o tres de esos seres que la sociedad los clasifica de intocables. Este amor en forma de abrazos produce sinergia (1 abrazo+1 abrazo= 1000 abrazos). Lo pude comprobar el día de noche buena, cuando numerosas personas iban llegando desde Bangalore como muestra de amor hacia este colectivo. Durante estos 35 años, cientos de hombres y mujeres fueron entendiendo este mensaje de amor hacia los seres excluidos por la sociedad y hoy acudían en masa a Sumanahalli para celebrar la Noche Buena junto a ellos.

nadal

La misa de Noche Buena

¡Qué magnífica fiesta se convirtió esta celebración! Unas 500 personas reunidas en el salón de Ave María, con los huérfanos y ‘street boys’ de coro angelical.  Justo después de la eucaristía el celebrante Father George anunció por megafonía:

- We have a friend from Spain: Martademarte she is a Clown, she is going a do a program…

Entonces entendí que mi actuación era durante la misa de Noche Buena. Corriendo me fui a buscar la concertina, malabares y el pañuelo mágico. Para todos ellos, en la leprosería, para los cientos de corazones allí reunidas empecé a improvisar.

Al día siguiente, en la calurosa mañana del día de navidad, entre palmera y palmera, volví a actuar, esta vez en privado para mis amigos, pacientes de lepra, que el día de Navidad aprendí a abrazar.

FVF – Felicidad Absoluta 2011/12/19.

¡Señoras y señores los desafíos continúan!

Si en la semana anterior nuestro reto fue actuar para un selecto público de niños y niñas que podían oírnos pero no vernos. Esta semana empezamos con una aventura sin precedentes. Nuestro programa de actuaciones señalaba que el primer día, lunes, actuábamos en Bukaraya Samudram. Este es uno de los centros especializados construidos por la FVF para dar educación a niñas con discapacidad intelectual, visual y auditiva.

Allí desarollan su trabajo las Supernenas, tres simpatiquísimas voluntarias: Eva es profesora de audición y lenguaje para niños y niñas con problemas auditivos, Miriam y Alba son terapeutas ocupacionales para niños y niñas discapacitados. También en Bukaraya Samudram tenemos un centro que se encarga de estudiantes invidentes.

- ¿Para quién actuamos mañana, Fredi?

La respuesta me dejó de piedra:
- Para los tres grupos  a la vez… más de 150 niñas…y muy diferentes entre ellas…

FVF

Espectáculo fantástico-anárquico-tururú

FVF

Una vez juntos todos sentíamos igual.

Llegó el gran día. Tan pronto como  nuestro conductor Wima, cruzó la puerta de entrada Alba nos recibía junto al grupo de niñas con deficiencias auditivas. Decidimos en que lugar actuaríamos y las invitamos a sentarse. Mientras esperamos que llegara el resto del público, aproveché para hacer un truco de magia especial para ellas. Al poco llegaron las niñas con deficiencia visual. Ellas toman su tiempo para situarse tan ordenadamente como fichas de un ajedrez imaginario. Iniciamos las presentaciones entre los payasos, el público que estaba ya sentado y el que acababa de llegar.

Ya de lejos se veían, con un ritmo totalmente anárquico (¡qué  diferencia al orden del anterior público!), las niñas con discapacidad intelectual acompañados de Míriam y Alba.
¡Fue una entrada triunfal, de auténticos clowns!
Una vez reunidos todos los grupos, los payasos iniciamos el espectáculo fantástico-anárquico-tururú.

Pronto se apoderó de mí una sensación “in crescendo”; sentí como todas las personas, personitas y personajes reunidos allí, a pesar de nuestras diferencias, eramos iguales porque sentíamos igual; compartíamos el amor por estar “aquí y ahora”, juntos y disfrutando. Las caras de los profesores, cuidadores y niñas fueron por unos momentos de Felicidad absoluta.

FVF

Felicidad absoluta

FVF – Actuación Sonora. 12, 14, 17 Dic.

La educación de los niños y niñas con discapacidad es fundamental para romper con la exclusión social y la vulnerabilidad de este colectivo. Por ello la semana pasada se planteó a los payasos un nuevo reto: actuar para niños y niñas con diferentes grados de deficiencia visual en los centros de Kanekal, Kadiri y Bathalapalli .

- ¿Qué vamos hacer si no nos pueden ver?
Esta es la pregunta inmediata que apareció en nuestra mentes. ¿Qué hacer?

El 5 de diciembre ya tuvimos la oportunidad de actuar en High School del 5th campus en la que una pequeña parte de la audiencia lo formaban adolescentes con deficiencia visual. Como no habíamos preparado nada especial para aquella tarde, llegamos con un espectáculo básicamente visual, con diábolos y bolas de contact. Sólo la música parecía mantener atento al público. Nos apuntamos la lección y creamos un nuevo show en que la música era la protagonista.

Clowns y Música

Clowns y Música

Hace unos años The International Papanatas Band, al terminar el programa de actuaciones diarias en un festival en Skopie (Macedonia), actuábamos para los niños y niñas que vivían en la calle, mendigando y esnifando cola. Los Papanatas salíamos con la guitarra, la concertina y una maleta repleta de instrumentos que repartíamos entre el público para que, entre bailes y juegos, siguieran el ritmo de las canciones. Esta experiencia vivida con Los Papanatas nos ayudó a Fredi y a mí, aquí en la India, a idear un espectáculo sonoro con bocina, concertina y los instrumentos musicales heredados de nuestros predecesores clowns en la Fundación Vicente Ferrer.

Música en la Fundación

Espectáculo Sonoro

Tuvimos la gran fortuna de colaborar con una cooperante de la Fundación: Alba. Su trabajo en la fundación consistía en enseñar informática para adolescentes invidentes y conducta diaria en centro de niños y niñas con deficiencia visual. Alba con sus 23 años, gracias a que habla Telegú casi perfectamente y tiene una visión muy clara de su entorno (aunque necesita su perro guía) viaja de un centro de enseñanza a otro sin problema. Ella nos acompañó en cada actuación con un instrumento más: la guitarra. El nuevo espectáculo fue creciendo actuación a actuación y desarrolló una estrecha colaboración entre payasos, profesores, niños y niñas, juntos disfrutábamos e intercambiábamos instrumentos musicales al ritmo de la música.

Clowns y Música

Una compañera especial: Alba

En ese momento no sabíamos que nuevo reto nos traería la siguiente semana…

Fundación Vicente Ferrer. 2011/12/10

Cuatro años atrás la Fundación inició un proyecto con el objetivo de proporcionar apoyo social, emocional y sanitario a las víctimas y  familiares de una enfermedad tabú tanto en India como en España: el VIH/SIDA. La Fundación ofrece esta ayuda a través de un centro hospitalario dedicado íntegramente al VIH/SIDA y a una amplia red de social workers que cubre todo el distrito. Ellos reciben formación intensiva que les permite tratar y asesorar en temas de prevención y asistencia sanitaria a la población rural.

Hoy Cristina Ramón, la máxima encargada de este proyecto y coordinadora de los social workers, organizó una jornada en el Campus de Anantapur para que los niñas y niños enfermos de VIH/SIDA puedan aparcar por unas horas la tragedia diaria que  la enfermedad ha supuesto en sus vidas. Algunos de ellos no son sólo víctimas inocentes de la enfermedad, sino también sufren la incomprensión, el desprecio social o están padeciendo el dolor de una pérdida familiar.

Para terminar la fiesta con una fuerte dosis de risas y alegría, los payasos nos encargamos de despedir esta emotiva jornada, con una actuación. Elegimos un espacio al aire libre donde congregar a una treintena de niños en esta soleada tarde de sábado. El objetivo es intentar proporcionarles un recuerdo especial que les pueda ayudar en el futuro a no sentirse solos y abandonados ante su dolor.

Fundació Vicente Ferrer

Algunos de nuestros invitados comentaron, al despedirse de Cristina antes de regresar a sus casas, que venir a la Fundación había supuesto uno de los días mas felices de sus vidas; “como en un sueño”.

- Adiós, amigos, hasta la vista, como cada martes, los payasos vendremos a visitaros a vuestro hospital y traeremos risas.

Fundación Vicente Ferrer. 2011/12/7

A dos horas de Anantapur, pasado Kanekal, hay un pequeño poblado entre campos de maíz y algodón, llamado Adigapalli. Hoy los payasos  actuamos en la escuela que la Fundación construyó para una treintena de niños entre 6 a 12 años. Una de las funciones básicas que los  payasos realizamos es incentivar el estudio en las zonas rurales. La supervivencia alli es tan dura que la enseñanza queda rezagada a los últimos lugares en la escala de prioridades.

Desde la salida de Anantampur hasta la llegada de Adigapalli,  fuimos encontrando en cada pueblo, un chico en estado de trance, golpeando un rudimentario tambor. Le  acompañaban jóvenes con movimientos entregados a su ritmo repetitivo.  Muchas veces nos obligaron a parar el auto. Wima nos informó que hoy era el día en que se celebra una fiesta religiosa llamada Moharam que celebran tanto hindúes como musulmanes.
Una vez llegados a nuestro destino, se nos acercó un improvisado comité de bienvenida: unas risueñas ancianas nos reciben llenas de curiosidad. Por la manera de observarnos y reírse, yo diría que era la primera vez que veían personas de piel blanca. Ellas nos informaron de que la escuela permanecía cerrada todo el día por la celebración religiosa. Mientras avisan al profesor, los primeros curiosos iban llegando. La noticia corrió como la pólvora y en unos minutos reunimos a casi todo el poblado. Wima nos anunció que detenían el festejo durante 40 minutos para que nosotros pudiéramos  actuar. La procesión dedicada a la santidad se retrasaba. Como había llegado la mayoría de aldeanos a la escuela, el espectáculo podía empezar.

Toda la aldea de Aligapalli reunida en el colegio para ver a los payasos

Fue un espectáculo muy aplaudido por indicación del profesor; cuando él aplaudía, el público entero batía palmas. Recuerdo a las niñas adolescentes reírse y gritar sorprendidas por nuestras excentricidades mientras una anciana sin complejos nos acompañaba con una campanilla . Nos despidió el profesor contento y emocionado por haber reunido a todo el poblado en el patio de su escuela.

Wima nos sugirió salir a toda prisa del pueblo; la procesión con música, alcohol y pólvora, estaba a punto de reanudarse.

Fundación Vicente Ferrer. 2011/12/3

Hoy actuamos en un colegio de la Fundación, en un poblado llamado Pompanur a 40 minutos de AnantapurCuando llegamos, la escuela estaba vacía. Wima, nuestro conductor, conversó primero en telugu con unas mujeres que terminaban las labores del campo y luego entramos dentro del patio de recreo. Me llamó la atención los hermosos murales a todo color de mujeres y niñas en situaciones de la vida cotidiana y de una bellisima Lakshmi, diosa hindú de la riqueza, la prosperidad, la luz, la sabiduría, la fortuna, la fertilidad, generosidad y coraje. Encarnación de la belleza, gracia y encanto. Entendí toda la feminidad de los murales, cuando llegó,  la primera, una de las campesinas  que resultó ser la profesora de la escuela de Pompamur.

La profesora abrió la puerta de entrada de la escuela. Esta escuela, como la mayoría, consta de un solo aula, desnudo de todo material, sin mesas ni sillas. Allí se reúnen una treintena de niños y niñas de diferentes edades, todos a la vez, con una única profesora. Poco a poco fueron llegando los alumnos, algunas ancianas, mamás con niños en brazos, los abuelos y al final los campesinos que habían terminado sus labores del campo. Mientras esperábamos que llegase todo el pueblo,  empecé a entretenerlos tocando la concertina. Pronto Fredi saco la bocina.  La actuación duró una hora y cuarto. ¡Se nos hizo tan corta!. El público estaba animado y entregado a la nueva diversión. Los niños, niñas  y ancianas sentados en primera fila eran los que más mostraban su alegría, sin ninguna vergüenza. Wima mientras actuábamos, nos echó unas fotos de recuerdo.

Fundació Vicente Ferrer

 

Fundación Vicente Ferrer. 2011/11/30

El director del centro de Kuderu es un hombre pequeñito, delgadito con los ojos brillantes como pequeñas brasas. Es la tercera vez que visito este centro de niños con disminución psíquica y física pero la primera que llevo mi material de clown. Que bonito verlos entrar en el patio abierto con sus pasitos lentos ayudándose unos a otros. Las Akas empujan despacito las sillas de ruedas. Los niños intuyen que algo va a pasar, se sientan y esperan, casi en un plano místico, sin pensamiento, agradeciendo todo lo que sucede. Son excelentes jugadores y fluyen  con un ritmo particular: estimulo – pausa- contacto visual- pausa – pausa – contacto táctil- pausa – buscar un patrón de conducta en su entorno – pausa – ACCIÓN. No todos los niños y niñas son capaces de llegar a la acción por sus problemas físicos, pero por su mirada atenta, yo diría  que llegan a la acción por medio de la atención.

Fundació Vicente Ferrer

Cuando terminamos nuestra actuación, el director invita al mas bailongo de los niños a salir delante del grupo para brindarnos sus dotes artísticas, le acompaño con la concertina. Ya se levantan dos niñas decididas a acompañarle y repartimos campanillas para que las muevan y participen del baile. Parece que llegó el momento de la acción y piden campanillas. Aunque no todos son capaces de accionarlas no pierden un ápice de atención. No hay peleas, no existen las prisas…como si tuvieran el don de la inmortalidad. Marçal, el voluntario encargado de motivar sus facultades motrices, se emociona porque los ve felices. Un enfermero voluntario me comentó que había visto esgrimir por primera vez un asombro de sonrisa en las caritas de algunos de estos ángeles.

 

Fundación Vicente Ferrer. 2011/11/29

Como cada martes viajamos al Hospital de Bathalapalli. No está muy lejos, a unos 20 kilómetros de la Fundación. Salimos a las 9.30 de la mañana. Wima, nuestro chófer, llegó puntual. No es la primera ocasión que trabajo en este hospital pero si la primera que voy con Fredi. Esta vez le ha tocado a él pasar mala noche por un virus de diarrea que hay en el campus.

Ya vestidos de payasos, iniciamos el paseo por el hall principal del hospital con música y saludos hasta llegar a otro recibidor lleno de madres, abuelas y algún padre sentados en sillas, donde esperaban el turno de visita de sus hijos. Sus caras mostraban desconcierto pero se vislumbraba alguna sonrisa cómplice. Poco a poco se iban acercando y pronto se dispusieron en círculo a nuestro alrededor. Niños en primera fila, mamás y abuelas detrás, y hombres a un lado: un caos muy ordenado. Se desplazaron hasta nosotros quienes aún no les tocaba el turno para el médico, por eso cuando salimos del círculo de miradas, pasamos junto a todos los niños que no se habían podido mover de la silla.

Dejamos la sala y entramos en la habitación común, donde están las camas de los niños ingresados. Pompas, música, magia… y nos pidieron otra vez diábolos para romper esas horas largas de rutina de hospital y abrir el grupo de familiares que esconden al enfermo, alrededor de las camas. Los familiares sonreían al ver sonreír a los enfermos y borraban por un segundo la máscara de dolor. Cuando salimos de esta sala nos llevaron a otra parecida pero con niños mas graves y el trabajador social que nos acompañaba nos dijo que era mejor no entrar, pero al pasar vi la mirada de un niño desde el interior. Me negué a dejar de lado a estos niños y pedí tocar un canción desde fuera. Fredi estaba de acuerdo conmigo. Los niños podían vernos a través de la rejilla de la puerta. Parecían contentos. Vi la cara de una enfermera voluntaria, Amanda. Abrió la puerta y nos pidió que entráramos .

-¿No hay Problema?
-¡¡Claro que no!! Estos niños, como todos, necesitan estímulos y ganas de vivir.

Así fue. Otra sala, otra fiesta. Amanda nos informó del seguimiento que personalmente hacía de un niño con síntomas de desnutrición en la cama del fondo de la sala (con un año pesa tan solo 4 kilitos). Pude ver en sus ojos, cuando tocaba la concertina especialmente para él, que le gustaban los valses, a pesar de casi no tener fuerzas para sostener su cabecita… La desnutrición y los problemas que origina es unos de los  caballos de batalla de los hospitales de la Fundación. Recuerdo el primer día que visité un hospital. Se me acercó un padre pidiéndome un globito para su bebé y luego que le acompañara para dárselo personalmente; el niño estaba en una incubadora y pesaba 1.250 gramos. El perrito globo era mas grande que el chiquillo…

Por la tarde visitamos en hospital para enfermos de SIDA.