La Danza de la Realidad. Jodorowsky

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La comicidad verdadera permite muchos niveles de interpretación. Se comienza por la risa y después se llega a la comprensión de la belleza, que es el resplandor de la impensable Verdad. Todos los textos sagrados son cómicos en su primer nivel. Después los sacerdotes, que carecen por completo de sentido del humor, borran la risa de Dios. En el Génesis, cuando Adán, creyéndose cupable por haber desobedecido, se esconde al sentir «los pasos de Jehová» estamos ante algo jocoso. Dios no tiene pies, es una energía inconmensurable . Si crea el ruido de pasos, no podemos deja de imaginarnos que sus zapatos son de payaso. «¿Donde estás?», clama haciéndose el que busca. Si Dios lo sabe todo, ¿cómo puede preguntarte a un pequeño ser humano dónde esta? Esta broma se transforma en lección iniciática cuando el «¡Dónde está?» se interpreta como: ¿Dónde estás dentro de tí? Yo, por no estar en ninguna parte, por no tener patria, no existo como ser humano. Soy un payaso. Un ser imaginario que vive en un universo onírico, el circo. Sin embargo, los sueños son reales como símbolos. El espectáculo se desarrolla en una pista circular, un mandala, una representación del mundo, del universo. La misa puerta es a la vez entrada y salida. Eso quiere decir que la meta es el origen… Sales de la nada, llegas a la nada. Cuando vemos trabajar en la pista hermosos caballos, elefantes, perros, pájaros y toda clase de fieras, comprendemos que la conciencia puede domar nuestra animalidad, no reprimiéndola, sino dándole oportunidad de realizar tareas sublimes. La bestia, al saltar a través de un aro en llamas, vence el temor a la perfección divina y se sumerge en ella. La fuerza del elefante se pone al servicio de la construcción. Los felinos aprenden a colaborar. El lanzador de cuchillos nos enseña que sus hojas metálicas, símbolos del verbo, son capaces de circundar a la mujer atada en el blanco, símbolo del alma, sin herirla. Las palabras son dominadas para eliminar de ellas la agresividad y ponerlas al servicio del espíritu: la finalidad del lenguaje es mostrar el valor del alma, valor que es entrega absolura. El tragador de sables nos muestra en qué manera total, sin ofrecer ningún obstáculo, se acata la voluntad divina. La menor oposición causa heridas mortales. La obediencia y la entrega son la base de la fe. El hombre que escupe llamas simboliza a la poesía, lenguaje iluminado que viene a incendiar al mundo… Los contorsionistas nos enseñan cómo liberarnos de nuestras formas mentales anquilosadas: no se debe aspirar a nada permanente. Hay que construir con valentía en la impermanencia, en el cambio continuo. Los trapecistas nos invitan a elevarnos de nuestras necesidades, deseos y emociones para conocer el éxtasis de las ideas puras. Ellos evolucionan hacia lo celestial, es decir la mente sublime. Los prestidigitadores nos dicen que la vida es una maravilla: no hacemos los milagros, aprendemos a verlos. Los equilibristas muestran cuán peligrosa es la distracción: lograr el equilibrio significa estar por completo en el presente. En fin, los malabaristas nos enseñan a respetar los objetos, conocerlos profundamente, ubicando el interés en ellos y no en nosotros mismos. Es la armonía en la existencia. Gracias a nuestro afecto y dedicación, aquello al parecer inanimado, nos puede obedecer y enriquecer”.

LA DANZA DE LA REALIDAD: PSICOMAGIA Y PSICOCHAMANISMO.

Jodorowsky, terapeuta, actor, novelista y autor dramático hace en este libro un sabio ejercicio autobiográfico. Una obra que puede leerse como una formidable novela, la de un hombre que no ha hecho más que expandir los límites de su imaginación.

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Con el estilo que lo ha llevado a ser una de las figuras más reconocidas del cine fantástico, Alejandro Jodorowsky lleva a la pantalla los recuerdos de su infancia en el pequeño pueblo de Tocopilla (Chile), donde pese a las presiones de su riguroso padre, un comunista recalcitrante, y la abnegación de una madre amorosa pero débil tuvo que abrirse camino en medio de una sociedad que no siempre entendió sus orígenes.

Clown y Técnica Alexander

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Durante los primeros años de nuestras vidas contamos con un excelente uso de nuestro cuerpo. Esta fotografía  es un buen ejemplo de la integridad natural, sin interferéncias, de la cabeza, cuello y espalda en el uso de uno mismo. Aun con las mejores intenciones, el payaso puede convertirse en un despliegue de malos hábitos acumulados, instintos atrapados y energías bloqueadas. Trabajar la Técnica Alexander sirve para desenredar los hilos. Mente y cuerpo trabajan al unisono. La libertad imaginativa real  nos aporta  la eliminación de reacciones estereotipadas que impiden el libre funcionamiento del organismo y la verdadera espontaneidad.

Nadie negará la importancia de estar vivo. Nosotros queremos estar vivos, y sin embargo olvidamos respirar, tenemos miedo de movernos, y somos reticentes a sentir fuera de nuestros hábitos. Esta verdad no debería pasar por alto al estudio del Clown que aparece libre y sin bloqueos.

¿Qué es la técnica Alexander?
En 1894, un joven actor australiano empezó a enseñar un método para mejorar la manera con la que manejamos nuestro cuerpo. Su nombre era Frederick Matthias Alexander, y sus compañeros actores no tardaron en aplicar sus enseñanzas. Más tarde, cantantes, bailarines y músicos empezaron también a usar la técnica para mejorar su actuación (hoy en día se enseña en los principales centros de teatro y de música).
La Técnica Alexander está diseñada para enseñarnos a usar nuestro cuerpo de una manera racional y económica (menos és más) en vez de una manera inconsciente e inadecuada. Nos enseña el principio básico de que hay un estado particular o “esquema corporal” en el cual las partes del cuerpo están relacionadas y la tensión muscular distribuida de modo que permite a cada parte y al todo estar y funcionar de la manera más efectiva. Lo que llamamos Buen uso de uno mismo.
Alexander y su descubrimiento
Alexander nació en 1869 en la isla de Tasmania. Creció en el campo y, aunque empezó a estudiar en la escuela local, los problemas de salud le impidieron seguir. Alexander cultivó su pasión por Shakespeare y, desde muy pequeño, decidió que quería ser actor; se hizo un repertorio de monólogos de humor y de discursos del gran maestro.
Cuando cumplió los 20 años, había ahorrado suficiente dinero para viajar a Melbourne y emprender un nuevo camino en el mundo del teatro. Se formará como actor y pronto se especializará en hacer recitales de Shakespeare.
En su momento de mayor éxito, una ronquera crónica, que se va agudizando cada vez más, no le permite terminar sus funciones. Emprende una larga travesía, sin resultado, por médicos y foníatras. Deduciendo que era algo que realizaba en el escenario lo que provocaba su problema en la voz, comienza un intenso trabajo de observación sobre sus conductas al recitar.
Con la ayuda de un espejo, en una búsqueda minuciosa de sus hábitos, observa que antes incluso de hablar tiraba su cabeza hacia atrás, provocando que la musculatura del cuello se tensionara innecesariamente, que la garganta se deprimiera y que su pecho se contrajera. Además, siguiendo las técnicas de actuación de la época, sus pies se aferraban como garras al suelo, ocasionando en sus piernas una enorme rigidez muscular. A partir de allí se da cuenta que esta práctica tan arraigada sólo podía modificarse si su cuerpo y su mente se relacionaban clara y armoniosamente. ¿Qué hacer ante esta fuerte costumbre? Alexander descubrió que debía inhibir la respuesta habitual, haciendo una pausa, pensar nuevas direcciones musculares en contra del hábito, lo cual significaba permitir que su cabeza fuera hacia adelante y hacia arriba, que su espalda se alargara y se ensanchara, y poder entonces cambiar su patrón de movimiento, que tan profundamente influía en su voz. Decide aplicar lo descubierto en sus actuaciones en público, además de impartir clases a sus compañeros, transformándose pronto en un sabio maestro, y ganándose el nombre de “el hombre que respira”

Control primario
Se llama así a la relación dinámica que existe entre cabeza, cuello y espalda y que es determinante en la organización del equilibrio y el movimiento de todo el cuerpo. Si la manera de usarse uno mismo interfiere con el equilibrio de la cabeza, la organización de todo el organismo se verá afectada negativamente. La cabeza inicia siempre los movimientos y el resto del cuerpo sigue. Si se previene el bloqueo del control primario, el sistema funcionará de forma óptima. Para ello, todo el cuerpo deberá liberarse de tensiones innecesarias y, de esta manera, adquirir su estatura y amplitud ideales.

Totalidad
La totalidad es más que la suma de sus partes y no puede ser explicada a través de las partes. Las partes están armónicamente relacionadas y sólo pueden ser adecuadamente comprendidas por la dinámica de la totalidad. No hay partes que tengan una existencia independiente.

Tres descubrimientos fundamentales

¿Conseguir los fines o estar en los medios?
El hábito de reaccionar automáticamente e inconscientemente para llegar a la meta es lo que Alexander llamaba el logro de los fines en oposición a la conciencia del presente, el aquí y ahora.
Apreciación sensorial errónea
El cuerpo es siempre la sede de la percepción, es decir, depende de cómo funcione el cuerpo afectará directamente la calidad de percepción. Un mal hábito habitual afecta la fiabilidad de su sentido sinestésico (peso, precisión y movimiento) es decir, no puedes tener la seguridad de estar haciendo exactamente lo que crees estar haciendo. Eso muestra lo fundamental que es la propiocepción y las transcendencia de los hábitos propioceptivos.

Inhibición
El reconocimiento de este problema de apreciación llevó al tercer descubrimiento: antes de hacer algo, tenía que detenerse para descubrir qué necesitaba para ejecutar libremente una acción, hacer menos para conseguir más, lo designó como inhibición. No se debe confundir con el concepto freudiano de inhibición. La inhibición de Alexander no supone ni represión ni insensibilidad sino la eliminación de reacciones estereotipadas que impiden el libre funcionamiento del organismo y la verdadera espontaneidad.

 

cuerpo-recobradoEL CUERPO RECOBRADO  http://espanol.free-ebooks.net/ebook/El-cuerpo-recobrado-Introduccion-al-metodo-Alexander

Michael J. Gelb (nacido en 1952) es un escritor y conferencista especializada en la creatividad y la innovación. Él es el fundador y presidente del Centro de Aprendizaje de Alto Rendimiento, una firma especializada en consultoría y capacitación para las organizaciones interesadas en el desarrollo de las culturas más innovadoras.

El funambulista, Clase magistral de Peter Brook

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“Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral
“. Así de simple Peter Brook nos introduce en su libro El Espacio vacio un universo creativo propio.

Descendiente de judíos rusos emigrados a Gran Bretaña, Peter Brook tiene 89 años recién cumplidos, es desde hace décadas maestro y referencia de la escena teatral internacional. Su obra, desde su Dr. Faustus, en 1943, es inmensa, poliédrica, apasionante, planteada desde visiones múltiples e interpretada por actores multiétnicos. Acumula casi ochenta piezas de distinto formato, entre las que abundan textos de Shakespeare, pero también de Beckett, Genet, Cocteau, Ibsen o Sartre, salpicada de autores africanos y asiáticos, producto de sus viajes por el mundo. Para Brook, el teatro no es un asunto intelectual, ni un lugar para el debate ideológico: es la experiencia de la vida misma. Cuestión de corazón.

 Por primera vez en cuarenta años, Brook ha accedido a que las cámaras filmen cómo la cuerda floja provoca su efecto alquímico en los actores. Durante dos semanas Simon, el hijo de Brook, registró a un grupo de actores y músicos en su exploración de los secretos del teatro. El documental cuenta con once actores de diez nacionalidades desde Estados Unidos a Mali, pasando por Japón o Palestina. El funambulista nos sumerge en los aspectos íntimos del trabajo de Brook, así como de su compañía, sin alterar la verdad del momento y poniendo de manifiesto de forma sorprendentemente visible la magia inherente al proceso creativo. La cuerda floja es clave para la filosofía y la vida de Peter Brook y nadie que lo comparte permanece igual… Esta película, única y profundamente personal, lleva más allá de la intimidad de un taller, produce una experiencia casi filosófica y siempre en la cuerda floja.